Por: Francisco Marco-Serrano (K|P|K).
O al menos es lo que yo pensé cuando, después de comprobar este fin de semana que la lavadora de casa ‘bailaba’ durante el centrifugado, decidí (intentar) solucionar el problema.
Desde hace unos años tengo en casa una caja de herramientas, ¿quién no?. Leyendo las instrucciones de dicho electrodoméstico (bueno, en realidad sólo las leí ‘a posteriori’ para confirmar que estaba en lo cierto) supe que tenía que limpiar el filtro; cogí los alicates, desenrosqué la tapa del filtro, retiré 2 céntimos de euro, y un poco de fibra (¡ojo!, primero hay que drenar manualmente la lavadora, dado que durante el drenaje automático siempre queda cerca de 1l de agua). Durante la operación me di cuenta que además, aquel pequeño charco que aparecía en la galería no procedía del filtro, sino del tubo de desagüe; tenía pequeñas grietas. Raudo y veloz me dirigí a la ferretería a comprar un tubo de desagüe; llegué a casa, di la vuelta a la lavadora y, ¿qué veo?, el tubo va encastado en la bomba de desagüe… Cogí el destornillador, la llave inglesa, y la calculadora:
_Desatascar el filtro, 5 minutos.
_El tubo de desagüe, 3 EUR.
_Cambiar el tubo, si fallo, la bomba de desagüe (30-40 EUR), más la mano de obra de cambiar la pieza (¿1 hora de servicio técnico?), más el ‘coste social’ de no disponer de ropa limpia hasta que llegue la nueva pieza (con mis manos, seguro que iba a necesitarla).
Valoré la situación y decidí llamar a un profesional, 1/2 hora de trabajo, 25 EUR. Sabía lo que hacía; tanto él, como yo.
Moraleja: ten a mano tus alicates, pero también tu teléfono.
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