Por: Francisco Marco-Serrano (K|P|K).
No queda duda de que la cultura, entendida de modo amplio, queda muy vinculada al turismo. Desde luego,
tanto los procesos arquitectónicos que transcurren a nivel de generación cultural con el paso de los siglos (patrimonio), como la conformación de la idiosincrasia de las regiones (folklore), la formación de capital humano y desarrollo educativo y socioeconómico que permiten la consolidación de estructuras y sectores culturales (industrias culturales propiamente dichas), a la par que la conformación cognitiva y antropológica que permite apropiar las experiencias en el acto turístico, no nos permitirían negar la intensa relación entre cultura y turismo.
A nivel económico, ambos son sectores a cuidar en nuestra economía; la cultura representa en torno al 5% del PIB, mientras que el turismo sobrepasa el 10%, existiendo puntos de conexión en tales cómputos (la agregación NO es 15%, por decirlo de otro modo). Sin embargo, tradicionalmente, en España se ha primado la protección efectiva más al segundo que al primero, dada su importante aportación de divisas y su mayor volumen de aportación al PIB, relegando al segundo en un sistema de tipo paternalista, vinculando su existencia al amparo de las subvenciones.
En un entorno macroeconómico desfavorable como el actual, se habla de los problemas del modelo productivo, dado voces de la necesidad de cambio tecnológico. Pues bien, en un trabajo aún por publicar, Pau Rausell-Köster (Economía de la Cultura y el Turismo, Universitat de València) y yo mismo, partimos de la premisa de que uno de los puntales del nuevo modelo productivo debería rotar en torno a la Cultura, dadas sus mejores cualidades de aprovechamiento de las nuevas tecnologías que le permiten romper con el viejo paradigma de los costes unitarios crecientes (‘el mal de Baumol‘) e incrementar su productividad de una forma más acelerada. De este modo, nuestra tesis finalizaría con la propuesta de que el turismo debe ser el que complemente a la oferta cultural, en lugar del limitado modelo del restricto ‘turismo cultural’.
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