Por: Elisabet Costa-Bernat (K|P|K).
“Antes del despegue, los pilotos examinan el plan de vuelo. De esta forma, saben exactamente donde van e inician los procedimientos conformes a dicho plano. A pesar de todo, durante el viaje, el viento, la lluvia, las turbulencias, el tráfico aéreo, errores humanos y otros factores interfieren en el plan, impulsando ligeramente la aeronave en direcciones diferentes, de modo que la mayor parte del tiempo el avión está fuera de la ruta de vuelo preescrita. Durante toda la jornada ocurren pequeños desvios en relación con el plano de vuelo. Condiciones climáticas adversas o tráfico aéreo especialmente pesado causan los mayores desvios. No obstante, si no acontece nada de gran gravedad, el avión llegará a su destino.
Pero, ¿cómo es eso posible?. Durante el vuelo, los pilotos reciben un feedback constante. Son comunicaciones de los instrumentos sobre el medio ambiente, informaciones de las torres de control, de otras aeronaves y a veces, incluso de las estrellas. Con base a esos feedbacks, hacen los ajustes necesarios para, de cuando en cuando, volver al plan de vuelo.
La esperanza no se en encuentra en los desvíos, sino en la visión, en el plano y en la habilidad para corregir el curso.”
El vuelo de un avión es una metáfora que Sthepen R. Covey (” Os 7 hábitos das famílias muito eficazes”) aplica a la vida familiar, pero ciertamente puede ser usada en otros ámbitos; el académico, el profesional, ocio y/u otras relaciones sociales. En nuestras relaciones sociales podemos salirnos de la ruta, incluso podemos llegar a enredarnos en problemas, pero con el feedback que nos ofrecen todas esas fuentes podemos recalcular la ruta cuántas veces sea necesario para no alejarnos del camino que nos lleva a la consecución de los objetivos que nos planteamos en la vida.
Entradas relacionadas:
Tweet This Post
Delicious
Facebook
MySpace












